lunes, 26 de mayo de 2014

18 m2: la vida después de la emergencia

A más de un mes del terremoto de Iquique e incendio de Valparaíso:
18 m2: la vida después de la emergencia

En los recientes desastres se destruyeron más de 5.400 casas, por lo que el Gobierno financió el 100% de los subsidios de viviendas de emergencia, entregando hasta el momento 3.400 mediaguas a damnificados. Pero las críticas a las deficiencias de las construcciones no han parado desde la primera ola de frío, tal como ocurrió luego del terremoto de 2010.
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22 de abril, Juan Federico Villegas (73) limpiaba escombros de su casa en el Cerro La Cruz, calcinada por el incendio de 12 de abril. En ese momento, alcalde de Valparaíso Jorge Castro (UDI) realizaba una ronda de inspección. Éste estaba siendo increpado por los damnificados por la falta de ayuda, por lo que respondió: “¿Te invité yo a vivir aquí?”. Allí también estaba el secretario del alcalde, un amigo de la infancia de Villegas, que lo había reconocido. En dos días obtuvo una de las 300 mediaguas que se construirían en Valparaíso.

Dentro de la vivienda de emergencia de 18 m2 Juan Villegas vive con su hijo. Su casa anterior medía 132 m2. Tiene una cama de dos plazas regalada por su hermana y ocupa un tercio del espacio. La otra cama está ubicada al otro lado. Entre ellos solo cabe un mueble que sirve de despensa y armario. En la noche levanta la mesa para que dos nietos puedan dormir en un colchón, mientras sus otros dos hijos duermen en una carpa afuera, en el lugar donde habría estado la sala principal.

En el terremoto de Iquique y el incendio de Valparaíso hubo 5.400 casas destruidas en total. Hasta ahora se entregaron aproximadamente 3.400 mediaguas para los damnificados. Las 17.300 que fueron construidas en el terremoto de 2010 eran de madera, sin ventana ni puerta. Hoy están hechas con paneles OSB, piso terciado, ventanas de marco de aluminio y puertas fabricadas.

Los paneles OSB son un poco mejor que la madera natural ya que no presenta los huecos o rajas. Pero al estar descubierto en una zona de lluvia y de bajas temperaturas, no son resistentes a la humedad ya que actúan como una esponja. De hecho, en este último mes, más de 100 instalaciones fueron dañadas por lluvia en Valparaíso. En la de Juan Villegas, el techo, la puerta y la ventana están mal calibradas, y el piso se mueve. Las esquinas de su vivienda están descubiertas, dejando pasar la lluvia. Él mismo tuvo que comprar y colocar los paneles de aislamiento para protegerse del frío.

El 25 de abril la empresa I+K Studio Design denunció a través de Twitter que TECHO, la organización que tradicionalmente construye mediaguas en situaciones de emergencia, bloqueó su oferta de construcción. Viviendas de acero, anti sísmicas, armado en una hora y media entre dos personas y que cuestan $ 750 mil. Se pueden ampliar y así constituirse en viviendas definitivas de más de 40 m2. Las mediaguas de TECHO necesitan ocho personas para construirla en un día y cuestan $ 1.5 millones. El Estado financió las tres mil viviendas requeridas en Valparaíso, gastando cerca de $ 5 mil millones. El presidente de la empresa Krijstan Araoz entregaba a la organización la responsabilidad de comunicar y gestionar con el Gobierno, pero afirma que eso no ocurrió: “Esta tecnología atenta con sus intereses económicos, primero al tener que transparentar las operaciones de proveedores y segundo porque la tecnología los deja fuera del mercado y además porque los intereses de avecindados del oficialismo se ven amenazados”.

TECHO ya ha entregado 300 mediaguas para Valparaíso y 132 para el norte. Desde 2010 no las construyen, pero al poseer capital humano y experiencia, consiguen coordinar rápidamente para obtener 300 en una semana cuando es necesario. “Hay que recordar que son viviendas de emergencia. El TECHO no quiere que las familias vivan en estos lugares para siempre”, defiende Pía Mundaca, directora social de TECHO Chile.

Sin embargo, los subsidios de vivienda no están al alcance de todos. Gran parte de las casas que fueron destruidas eran de familias en campamentos, donde vivían en construcciones de latas y cartones.Las viviendas de emergencia entregadas fueron algo mucho mejor de lo que ya tenían. Además, el Gobierno entrega subsidio solamente a las personas que vivían legalmente en una propiedad. Por lo tanto, aquellos en las tomas normalmente esperan hasta diez años una vivienda social.

Pero Juan Villegas, dueño de su propio terreno, tampoco está seguro de que si su casa va a poder reconstruirse. Escuchó un rumor que en julio vendrán los arquitectos para que sólo el año que viene entregarán 18 m2 más.

En Tocopilla, tras el terremoto del 2008, todavía existen 148 familias que viven en estas condiciones. El director de Emergencia Comunal de Viña del Mar, Jaime de la Fuente sabe que una familia puede estar por varios años en una mediagua: “Es un criterio sano y digno entregar una mediagua que tenga un estándar mínimo de protección que dure por un tiempo adecuado”.

Vivir en una mediagua por un largo tiempo puede acarrear graves consecuencias. Al dejar de lado el diseño urbano, no se considera la localización y conexión con los servicios básicos, lo que puede ampliar los guetos. Y el otro problema se relaciona con la salud. Se pudre la madera y las debilidades en la ventilación y aislación térmica hacen que las personas recurran a mayor gasto en la calefacción, viciando el espacio.

Existen muchas otras opciones. Luego del terremoto de 2010, el título de la XVII Bienal de Arquitectura fue “8.8 Re-Construcción”. Se discutieron modelos de casas prefabricadas que fueran eficientes, costeables y rápidas. Varias universidades entregaron propuestas de alta calidad y que contemplan ser viviendas definitivas. David Basulto, fundador y editor ejecutivo de la plataforma ArchDaily argumenta: “El Gobierno construye mediaguas porque es lo más rápido. Es un problema de círculo vicioso basado en  que no hay una política que se anticipa a las emergencia”.

A pesar de estos avances, todavía no existe una respuesta concreta desde el Gobierno central. Cuando se consulta a la Onemi de Santiago, responden: “Conversa directamente con la municipalidad ya que nosotros entregamos las casas según la solicitud que ellos realizan y compramos a través de fondos de emergencia”.

En Viña del Mar, donde la situación de riesgo es similar a la de Valparaíso, tienen 100 viviendas de reserva que cumplen con un estándar de calidad impuesto por la municipalidad. El modelo de Estado subsidiario, permite al Gobierno intervenir solamente en aquellas partes en el que un privado no actúa. Por lo tanto, las viviendas son instaladas a través de empresas o instituciones como TECHO u Hogar de Cristo. Entonces, cuando existe un acontecimiento de tal magnitud como lo que ocurrió en Iquique y Valparaíso, los municipios no tienen cómo defender ese estándar de las mediaguas. Jaime de la Fuente señala la necesidad de la descentralización: “Las viviendas que llegaron no las adquirió la Onemi de acá porque no tiene recursos. Las compró y trajo la Onemi de Santiago. La mayoría llegaron sin ventanas, sin forros o puertas. Pero cuando tú estás en emergencia no tienes otra alternativa que aceptar”.
“El caso de Valparaíso muestra que los municipios pobres no pueden operar. Un poco vergonzoso porque era evidente y porque no era la primera vez. El estado tiene que redistribuir para garantizar el bienestar de las personas”, comenta Sebastián Gray, el presidente del Colegio de Arquitectos de Chile.


Juan Villegas está esperando que el Gobierno venga a reconstruir su casa. Hasta que eso ocurra, tenía planeado comprar una vivienda prefabricada de acero con el bono de un millón de pesos depositado en su cuenta RUT. Pero $ 380 mil fueron descontados por el Banco Estado porque las últimas dos de las 48 cuotas para pagar su auto vencieron, a pesar de que había entregado certificado de incendio. El auto se quemó. “Me quedaría comprar madera y tratar de hacer algo, lo mejor que pueda”, expresa. El gift card de $ 200 mil para comprar ropa no lo utilizó porque dice que no le sirve para limpiar escombros. Mañana despertará vestido con su chaleco azul, pantalón corderoy café y zapatillas de construcción, tal como salió de su casa a las 4 de la tarde del 12 de abril de 2014. 

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