viernes, 20 de junio de 2014

SecureAlert Chile SpA, el obstáculo de la Justicia

Monitoreo telemático:

SecureAlert Chile SpA, el obstáculo de la Justicia

La ley 20.603, o la Ley de Penas Sustitutivas que se aprobó en junio del año pasado no marcha plenamente: los dispositivos licitados por la Gendarmería para controlar la libertad vigilada de los reos no funciona.
Sol Park



En la primera cuenta pública en 2010 del ex presidente Sebastián Piñera anunció cambios para la efectividad en la persecución penal y en el apoyo de la reinserción de los condenados a la sociedad. Una de las medidas fue aplicar la ley que otorga la libertad condicional y, para esto, era necesario un dispositivo que pudiera controlar la sanción. En 2013 se licitó a SecureAlert Chile Spa, que proveería la tecnología. Se proyectó su implementación para el noviembre de ese año. 1.073 condenados obtendrían la libertad vigilada intensiva y pena mixta y para el año 2015, 9.813. Hoy, no hay ninguno.

La razón es porque se encontraron falencias técnicas en el período de marcha blanca que empezó en enero de este año. SecureAlert Chile Spa es la ampliación de la empresa norteamericana SecureAlert, Inc. El dispositivo que suministró fue ReliAlertTMXC. Fracasaba al perder la señal cuando entra a un subterráneo o se envuelve con papel aluminio y tardaba más de 30 minutos en recuperarla. Había una desviación de hasta 10 metros de la ubicación verdadera y algunas veces las alarmas de violación del sistema no se accionaron. Estas fallas son críticas porque el dispositivo de monitoreo telemático se aplica para vigilar el lugar y tiempo que el condenado está o debe estar.

La ley 20.603 o la Ley de Penas Sustitutivas es una modificación de la ley 18.000 de Medidas Alternativas. Los objetivos principales son: disminuir los costos del sistema penal y los efectos nocivos de las influencias carcelarias, resocializar a los imputados y reducir la reincidencia delictiva. Para eso se creó sanciones distintas a las carcelarias, en el que el condenado cumple su deuda con la sociedad en otras formas: ser expulsado del país, prestar servicios de beneficio a la comunidad o estar en libertad vigilada. El monitoreo telemático se aplicaría para el control de este último caso.

Por ejemplo, en Estados Unidos se aplica esta medida para fiscalizar a sujetos que están en tratamiento alcohólico o a los que están condenados por violencia doméstica. Existen diferentes tipos de tecnologías y una de ellas es la radiofrecuencia. El transmisor, adherido al cuerpo, transmite señales a una central de vigilancia e indica si la persona se encuentra o no en un determinado radio geográfico. Ya ReliAlertTMXC aplica otro tipo de tecnología. Es un Sistema de Posicionamiento Global (GPS por sus siglas en inglés) que, posicionado en el tobillo del supervisado, no solo indica dónde él está, sino también cuáles son sus desplazamientos. Además alerta si se acerca a un área prohibida delimitada con anterioridad.
A la licitación de enero de 2013 se presentaron 3 proveedores: SecureAlert Inc., TSCOM Tecnología y Security SAT, y solo la primera cumplía con los requisitos. Pero ésta sobrepasaba por $6.000.000 el presupuesto, que era de $35.153.352.00.

El 23 de mayo se abrió una nueva licitación, pero un día después SecureAlert demandó ante el Tribunal de Contratación Pública porque consideró que Gendarmería no los aprobó por razones arbitrarias, por lo que el concurso quedó desierto por 139 días. El 21 de septiembre, en medio de  la controversia por la congelación del concurso, el ex subsecretario de justicia Juan Ignacio Piña dijo que hubo un acercamiento entre las partes. Esto porque las bases de la licitación no definía cómo se calculaba el presupuesto ni una estadística de usuarios que podrían caer en el sistema. Tampoco especificaba si el implemento sería instantáneo a las 10 mil personas o sería gradual, un tema importante para determinar el costo final. Entonces, al informar al proveedor y aclarar los puntos, se determinó que la oferta de la empresa sí se ajustaba dentro de la cuenta.

Pablo Riera, gerente general de TSCOM Tecnología comenta que él no fue esclarecido en este ámbito, lo que le produjo desconcierto: “Esto es una licitación pública y no entiendo cómo se llegó a un acuerdo, porque si se cambia las condiciones, deberían cambiarlas para todos”. Las dos firmas que fueron rechazadas presentaron, en octubre del año pasado, una queja ante la Contraloría porque consideraron que fueron juzgados arbitrariamente y que no fueron debidamente comunicados. Todavía esperan la respuesta.

Otro factor que la TSCOM Tecnología alegó fue que SecureAlert utilizaría el sistema de Google Maps. En las bases de la puja sale que es necesario que el mapa se actualice cada seis meses, pero Google no lo hace en Chile: “Nosotros tenemos contratos con proveedores locales de mapas. Pueden actualizar permanentemente y es más fácil negociar con ellos que con Google”, dice Riera

Finalmente el contrato del servicio de monitoreo telemático por 41 meses con la compañía SecureAlert se aprobó el 26 de noviembre de 2013.

Desde ese momento empezó la construcción de la infraestructura, habilitación de los funcionarios de gendarmería y marcha blanca del sistema, lo que implicó el gasto aproximado a US$ 2 millones por parte de la empresa, ya que los $ 35 mil millones serían entregados en marzo de 2018, después de la ejecución real del monitoreo telemático. A tres meses del fin del período de prueba, Gendarmería anunció posibles fallas técnicas. Y a inicios de este mes el departamento notificó al Ministerio de Justicia que el dispositivo es imposible utilizar, por lo que el contrato se revocó.

El 20 de mayo pasado, el Pleno de la Corte Suprema anunció al ministro de Justicia inconvenientes al no tener la disponibilidad de la tecnología y por eso no poder aplicar la Ley de Penas Sustitutivas en las determinaciones judiciales. “Existen medidas alternativas al monitoreo telemático”, explica el ex subdirector técnico de Gendarmería Miguelángel Jiménez: “Teléfonos, rondas de carabineros, sistemas de videoconferencia y más”.

Pero Fernando Martínez, abogado que participó en la investigación acerca del monitoreo telemático para el Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana (CESC) de la Universidad de Chile dice: “Ante la ausencia del monitoreo telemático no se puede saber de la persona antes de ir a comprobarlo físicamente o por teléfono. El mecanismo de sanción es súper débil. En cambio, con la tecnología hay mayor control.”

El monitoreo telemático no es una técnica perfecta. Es una situación normal que el GPS pierda la señal cuando ingrese en lugares sin cobertura, como al metro o subsuelo. Pero si en el sistema electrónico erra y no avisa, pueden ocurrir graves situaciones. Tal como, en 2013 en Bahamas. La policía del país encontró un cuerpo descompuesto de un hombre que utilizaba una tobillera electrónica en una carretera de la zona norte de South Beach y se estimó que habría estado allí por más de una semana. Y no solo eso, sino que en 2012, 30 individuos fueron capaces de desaparecer del radar del centro de monitoreo al envolver el dispositivo con papel de aluminio. Los sospechosos utilizaban la tecnología de ICS Security Concepts of the Bahamas, LTD, un socio exclusivo de SecureAlert en el país.

En Puerto Rico la empresa también pasó por dificultades. El 13 de febrero de 2012 recibieron una demanda civil por el asesinato de una mujer en manos de un hombre libre que portaba un ReliAlertTMXC. Además en 2013 hubo un juicio por violación de privacidad: los centrales de monitoreo de SecureAlert en Utah, Estados Unidos podían activar unilateralmente sin dar aviso previo los grilletes electrónicos y escuchar las conversaciones de los imputados.
No se pedían los antecedentes ni se hizo una investigación a la firma pujada y Miguelángel Jiménez explica que no conocía estos problemas: “No es posible evaluar la experiencia anterior. Porque si se pide en una licitación, excluiría de la competencia a alguien sin experiencia pero que ha invertido en el negocio y tecnología”. Acerca de la investigación comenta: “Si la empresa demuestra cumplir con las bases técnicas y económicas corresponde adjudicar”, dice Jiménez.

El centro de monitoreo en Santiago y la sala espejo – por si ocurre alguna emergencia en la capital - en La Serena ya están establecidas. Se habilitó un piso entero en la Gendarmería, se dispuso los mobiliarios y los computadores, se tendió el cableado y se instaló la fibra óptica. Hay aproximadamente 280 delegados de libertad vigilada y cerca de 20 personas que fueron habilitadas para el uso de la plataforma. Pero todavía no trabajan.

Al perder el contrato, la empresa presentó un recurso para que fueran reevaluados. El período de prueba terminó este jueves 19 de junio y la Gendarmería junto al Ministerio de Justicia están analizando si efectuar o no. Si no, se abriría otra licitación y el proceso de habilitación de los funcionarios, disposición de los sistemas e infraestructura debería empezar todo de nuevo.

Si luego del período de prueba Gendarmería determina que no se puede ejecutar, la SecureAlert puede presentar el último recurso jerárquico ante el Ministerio de Justicia. Pero si hasta eso no resulta, la compañía habría perdido los US$ 200 millones. La empresa tiene problemas económicos por deudas exteriores por US$ 1,480 millones. Aunque esas deudas no serían un problema si la tecnología se implementa, ya que tienen $ 1.500 millones depositado como garantía a Gendarmería.

Sólo el año pasado dos contratos con gobiernos centrales fueron descontinuadas. Un caso fue México y la otra Bahamas. Este último fue valorado por US$ 2,7 millones. Y solo con el acuerdo con Chile pudieron obtener un préstamo de US$ 25 millones para saldar la deuda, financiar el capital y herramientas de trabajo. En el reporte cuatrimestral de la empresa del año 2013 sale: “This contract (con Gendarmería de Chile) is expected to account for more than 10 percent of sales for fiscal year 2014. The loss or interruption of this new contract would adversely affect our results of operations and financial condition”.

En 2012, el ministro de Justicia de la época Teodoro Ribera había calificado a la aplicación del brazalete electrónico como la columna vertebral de la nueva política penitenciaria: “La más grande reforma al sistema de cumplimiento de condenas en el medio libre de los últimos 30 años”. Pero Jiménez dice que no: “El monitoreo es una parte muy pequeña de todo el sistema de penas sustitutivas que se creó. La espina dorsal de la ley para mí es el programa de reinserción de los imputados a la sociedad, que funcionan con éxito”.


El programa de reinserción social  se llama Riesgo Necesidad y Responsividad. Se trata de una serie de tratamientos psicológicos a través de entrevistas para medir el riesgo de reincidencia de un condenado. Se puede conocer cómo se debe intervenir a la persona, los posiciona en distintos proyectos y se construyen programas específicos para cada uno de ellos. Pero nunca hay una certeza absoluta. En el estudio del CESC se concluye que no existe ninguna evidencia que comprueba que el uso de las tobilleras electrónicas cause la no reinserción delictual. Por lo tanto, Fernando Martínez argumenta que una tecnología y protocolo infalibles son imprescindibles: “Las fallas técnicas siempre van a surgir. Pero si ocurre un error que conduce a un acto de violencia, se deslegitima todo el sistema”.

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