Una sesión de acupuntura puede costar hasta 45.000 pesos y no
está cubierta por Fonasa. Pero existen personas que realizan esta actividad
gratuitamente por un solo motivo: servir a los más necesitados.
Sol Park
Los martes de la iglesia coreana YoungRak son un poco más
especiales que otros días: las salas donde los más chicos se reúnen a celebrar
culto los domingos cambia. Camillas, biombos y un carrito con artículos
medicinales ocupan el lugar. Ahí el doctor ByungDae Lee (54) recorre poniendo
agujas en el estómago, cabeza y pies de las diez mujeres acostadas. Las
dolencias de las pacientes son variadas: articulaciones, artrosis, migrañas,
patologías crónicas, hasta parálisis. Nadie parece notar los pinchazos.
La acupuntura se fundamenta en la filosofía China que sostiene
que el hombre se conforma con flujos de energía. Cuando un punto de esta red
está obstruido, el órgano asociado padece el síntoma. “Para los asiáticos no
existe enfermedad, sino un desequilibrio causados por excesos y deficiencias”,
explica Raúl Maldonado (52), acupuntor de la organización Acupuntores Sin
Fronteras Chile (ASFCl).
Pero esta metodología no siempre es comprensible para los
pacientes, acostumbrados a la medicina occidental: “Tradicionalmente, toda la
gente que tiene dolor de cabeza puede tener encefalopatía. Ya para los
orientales, cada persona es un universo. Tienen un mismo síntoma, pero todos
tienen diferentes causas. No hay acupuntura con receta.”, esclarece Luis Álvarez
(28), acupuntor de ASFCl.
Aunque no lo entiendan, mucha gente busca este método. Esto es
porque no causa reacciones alérgicas ni tampoco es necesario medicamentos que
podrían afectar a las embarazadas o a pacientes de gastritis. O finalmente
porque es la última esperanza de aliviar sus dolores.
En 2008, el Ministerio de Salud la institucionalizó en sus
tratamientos y recomendó a los hospitales implementarla, convirtiendo a Chile
en uno de los primeros países occidentales en formalizar el método y no
considerarlo como solamente complementario. Existen exámenes regulados por el Gobierno
y al sacar un diploma se puede ejercer como acupuntor en un hospital.
Ahora, los consultorios de acupuntura en Chile no son difíciles
de encontrar. Si se busca en Google “centro de acupuntura Chile” aparecen más
de 688.000 entradas. A pesar de estos avances, la acupuntura no está cubierta
por Fonasa: una de las doce sesiones de un tratamiento puede costar desde $5.000
hasta $45.000, y el mismo tratamiento puede extenderse mucho más.
Los que buscan ser tratados por una mano experta deben
sacrificar tiempo y dinero. Pero el Dr. Lee sale de su centro médico una vez a
la semana y ofrece sus servicios gratuitamente. Hasta a aquellas personas que tienen
recursos, él insiste que reciban la terapia en la iglesia.
Esto es porque el “precio” es escuchar por una hora un sermón. De
esta manera, el Dr. Lee trató a más de 43.000 personas durante estos seis años,
comprometido en evangelizar a sus pacientes.
Mauricio Millaruel (49) es uno de los pacientes del doctor.
Visita a la iglesia todos los martes desde hace un año. Había llegado en silla
de ruedas por un accidente cerebrovascular que había dejado paralizado todo su
lado izquierdo. Ahora espera su turno, deteniendo a una enfermera y le muestra
cómo camina sin ninguna ayuda y, aunque todavía no puede tomar cosas, mueve el
brazo a voluntad.
“El 21 de diciembre de 2010 tuve el accidente. Tenía esta pierna
y este brazo muerto, y hasta me costaba tragar. Fui por dos años a hospitales
pero nunca pasó nada. Ahora no hago nada más que acupuntura y voy mejorando
cada día. El doctor me trató al mismo tiempo la depresión. Ahora tengo más
claras mis ideas y tengo mejor ánimo. Yo llego aquí regañadientes y cuando
salgo me siento diferente, salgo feliz. Yo era creyente pero nunca había
escuchado la palabra y no había ido a la iglesia. Ahora me gusta y voy todos
los domingos”, comenta Mauricio.
Pero mantener este servicio por seis años no es una tarea fácil.
Esta organización funciona con el aporte de los creyentes y de la propia
iglesia. "Traemos las agujas una vez cada tres meses de Corea y el
costo de transferencia es bastante caro", afirma el doctor Lee. Y además
solo hay un acupunturista y dos enfermeras para los 100 pacientes diarios.
En Chile solo existen institutos que enseñan por dos años que
forman a técnicos. Lo que significa que: “El acupunturista chileno es solamente
acupunturista. Tiene que solicitar previamente con un diagnóstico de un médico
occidental, porque él no sabe pedir radiografía o un scanner", aclara el
Dr. Alex Flores (48), neurólogo y acupuntor jefe del Hospital de Carabineros.
Dice que para ejercer un cargo importante en un hospital no basta con ser
técnico: “A mí me conviene más ser neurólogo. Y la gente viene porque se
reembolsa. Si Fonasa cubriera la acupuntura, la gente podría pagar. Y ahí se
podrían hacer especialidades, estudiar más tiempo, desarrollar la acupuntura”.
Para revertir esto, el Colegio de Acupunturistas de Chile está
en proceso de iniciar una conversación con el nuevo Ministerio de Salud en
temas de Fonasa: “Michelle Bachelet firmó los diferentes decretos que salieron
en el diario oficial en 2008 de la regulación y organización de la acupuntura.
Por lo tanto tenemos un Gobierno que está muy proclive a esto”, argumenta el
presidente del Colegio, Rodrigo Guajardo (53). Pero mientras tanto, los
movimientos como el del Dr. Lee son los que se acercan primero a los más
necesitados.
Acupuntores sin Fronteras también es una organización que ofrece
servicios de acupuntura gratuitamente en Chile. Inspirados en el trabajo de la
organización homónima creada en Suiza, Luis Álvarez y Raúl Maldonado trajeron a
Chile hace 8 meses este servicio social en que van en búsqueda de los lugares
más recónditos, abandonados por la medicina. Hacen campañas de consultas y
tratamientos gratuitos, preparando además para cualquier catástrofe que pueda
ocurrir, como el terremoto del año 2010.
Pero al ser una organización joven, ASF no tiene métodos de
financiamiento concretos, por su política de patrocinio que no permite poner
ningún logo de empresas en sus proyectos. Entonces abren cursos de acupuntura
básica al público general. No enseñan a utilizar las agujas, sino que a
percibir el síntoma, diagnosticar y sanarlo con técnicas de masaje y semillas.
Pero Guajardo, el presidente del Colegio de Acupuntores, repudia
esta medida: “Es muy irresponsable que estén enseñando los fines de semana a la
gente a diagnosticar y tratar otra persona. Esto puede llevar a errores
importantes, como esconder un trastorno que debe ser visto con la medicina
occidental. Además desestima la acupuntura, que es un estudio serio y profundo”.
La acupuntura todavía es atacada por las posiciones de los
escépticos. Pero cada día salen nuevos estudios que afirman la viabilidad de la
medicina: "Antes no había suficiente información, si no creían no importaba
porque no tenía cómo probarlos. Pero ahora hay evidencia. En la librería inglesa
Cochrane que trata de investigaciones
médicas, se publicaron en los últimos 3 años trabajos en acupunturas muy buenos. No existe
escepticismo, solo hay ignorancia”, afirma el Dr. Flores.
También el Colegio de Acupunturistas de Chile junto a la
institución española CEMECT (Centro de Enseñanza de la Medicina Tradicional
China), crearon el Centro Tao Vital. Donde se enseña una acupuntura
bioenergética, una explicación científica de la filosofía china. Con tesis
basadas en estudios clínicos y la implementación con la medicina formal, el
nuevo centro intenta occidentalizar la terapia y acercarlo a la mentalidad
chilena.
La acupuntura en Chile todavía tiene un largo camino para
avanzar. Y, a pesar de los prejuicios, el Dr. Lee continúa. No solo para
evangelizar, sino que también para retribuir a Chile lo que ha recibido: “Nosotros
vivimos aquí y como inmigrantes no hemos hecho mucha cosa. Pero ayudar a los
que necesitan es una pequeña forma de agradecimiento”.
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